No podía enfrentarme a Flynn.
No así.
Tenía el cuerpo debilitado, estaba en medio del océano y acababa de descubrir que tres personas esperaban que desapareciera antes del amanecer.
Así que hice lo único que ellos no esperaban.
Seguí fingiendo estar drogada.
Regresé a la suite agarrándome de las paredes. En el baño cerré la puerta, abrí el grifo y me obligué a pensar.
Mi padre me había enseñado algo desde pequeña:
Cuando alguien cree que ya ganó, deja de proteger sus secretos.