las excusas.
Recuerdo los pasos de Ethan sobre el mismo piso donde lo habían obligado a gatear.
Richard estaba en la casa ese día.
Esperó hasta que Ethan entró a su cuarto para hablar conmigo.
—¿De verdad vas a destruir todo por esto?
Lo miré.
—Yo no hice esto.
—Fue una tarde horrible.
—Fue una tarde en la que viste a tu hijo pedir levantarse y decidiste que la persona que lo humillaba tenía más autoridad que él sobre su propio cuerpo.
Richard se pasó una mano por el cabello.
—No supe cómo manejar la situación.
Aquello fue distinto.
No era una disculpa completa.
Pero tampoco era la defensa arrogante de la primera noche.
—Entonces debiste proteger al niño mientras averiguabas cómo manejar a los adultos.
Richard bajó la mirada.
—Mamá siempre ha sido así.
—Eso explica por qué te parece normal. No lo vuelve aceptable.
Se sentó.
—¿Hay alguna
