Volví antes de tiempo de un viaje de negocios y encontré a mi exmujer dormida en mi cama, abrazando a una recién nacida con mis ojos. Ella había dado a luz sola mientras mi socia ocultaba sus mensajes; al enfrentarla, respondió: «Te protegí de una responsabilidad que no querías». Llamé a mi abogada y exigí una auditoría. Entonces descubrí mi firma en unas transferencias que jamás había autorizado.

Después llegaron las complicaciones del embarazo, los gastos médicos y una recuperación del parto mucho más lenta de lo previsto.

Adrián le había permitido utilizar el ático hasta final de mes, creyendo que ella solamente necesitaba tiempo para organizar su mudanza.

Nunca imaginó que estaba a punto de convertirse en padre.

—Deberías habérmelo dicho —murmuró él.

—Lo intenté.

—¿Cómo que lo intentaste?

Lucía abrió un cajón y sacó una carpeta azul.

—Cuando estaba de 4 meses envié una carta a tu despacho. También escribí a tu correo profesional.

Adrián frunció el ceño.

—Nunca recibí nada.

—Me contestaron desde tu dirección.

Sacó una hoja impresa.

Adrián reconoció inmediatamente el membrete corporativo y su firma electrónica al pie del mensaje.

La respuesta decía que no deseaba involucrarse en asuntos personales relacionados con su antiguo matrimonio y que cualquier comunicación futura debía tramitarse mediante abogados.

—Yo jamás escribí esto.

Lucía lo miró con una mezcla de incredulidad y tristeza.

—Entonces alguien decidió por ti.

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