Eduardo reconoció que había mantenido una relación secreta con Renata y que Beatriz lo sabía desde hacía meses. La falsa paternidad formaba parte de un acuerdo: después de la boda, Alejandro recibiría facultades para administrar nuevos bienes conyugales y Renata facilitaría el traslado definitivo del dinero. Alejandro cayó sentado frente a los invitados que había reunido para celebrar su triunfo. La mujer embarazada que había utilizado para humillar a Lucía esperaba un hijo de su propio padre, mientras su madre había pagado para destruir la seguridad emocional de su esposa. Sin embargo, Lucía no sintió satisfacción. Solo vio a un hombre enfrentando las consecuencias de su crueldad y de años aceptando sin cuestionar todo lo que su familia decía. La Fiscalía ya investigaba las transferencias desde semanas antes, y un juez había ordenado congelar las cuentas vinculadas con Desarrollos Montalvo. Nadie fue arrestado en medio del salón ni hubo una
solución instantánea. Los documentos fueron asegurados, los implicados rindieron declaraciones y comenzó un proceso que tardaría meses. Antes de marcharse, Arturo entregó una carta escrita por Elena Herrera, la abuela de Lucía, 11 días antes de morir. Elena advertía que la familia Robles había elegido a Lucía mucho antes de su primer encuentro con Alejandro. Beatriz había organizado una supuesta coincidencia entre ambos para acercar a su hijo a la heredera. Alejandro no conocía el plan original, pero su madre había guiado cada etapa de la relación y aprovechado su ambición. La última línea de la carta contenía una instrucción: pedirle a Arturo la verdad sobre Mariana, la madre de Lucía, supuestamente fallecida en un accidente cuando Lucía tenía 9 años. Acorralado por las pruebas, Arturo confesó que Mariana había sobrevivido con una lesión cerebral y graves lagunas de memoria. Ella había descubierto las primeras operaciones fraudulentas de Eduardo y
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