Su exmarido la invitó a la boda para humillarla: “Ella sí pudo darme un hijo”, pero la vio entrar con su verdadera hija y las pruebas que destrozaban a toda su familia

evidencia más grave.

Durante su matrimonio, Alejandro había administrado varias cuentas relacionadas con el fideicomiso que la abuela de Lucía le dejó al morir. Después del divorcio, Lucía descubrió transferencias por más de 18 millones de pesos hacia 3 empresas fantasma. Renata aparecía como administradora de 2. El antiguo asesor de su abuela, Arturo Salgado, había autorizado movimientos usando firmas falsificadas.

Lo más inquietante era que las operaciones habían comenzado antes de que Lucía conociera a Alejandro.

Su teléfono vibró. La invitación acababa de llegar.

En la fotografía aparecían Alejandro y Renata sonriendo frente al Hotel Palacio Imperial. Debajo figuraba el patrocinador de la recepción: Desarrollos Montalvo.

Lucía dejó de respirar.

Esa empresa había recibido el dinero robado del fideicomiso. Su principal accionista era Eduardo Robles, el padre de Alejandro.

La boda reuniría bajo el mismo techo a la amante, al exmarido, a sus padres, al asesor que falsificó las firmas y a varios socios relacionados con las transferencias.

Lucía besó la frente de su hija.

—Tu padre acaba de invitarnos al lugar donde comenzó todo.

Entonces encontró otro archivo entre los documentos enviados por su abogada: un comprobante de pagos realizados a la clínica de fertilidad donde había perdido sus 2 embarazos.

Los depósitos provenían de una cuenta personal de Beatriz.

Y el concepto de uno de ellos decía: “Modificación de expediente y seguimiento de paciente”.

Parte 2

(Continúa leyendo en la siguiente página…)

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