“Si quieres un buen hombre, mírale la nariz”: mi madre me enseñó este truco y ya no lo echo de menos en las primeras citas.

1. Nariz recta y despejada: el hombre en quien puedes confiar.
Una nariz recta, sin protuberancias ni curvas pronunciadas, a eso mi madre siempre lo llamaba “un trabajador”. Según ella, un hombre así:

Le encanta la claridad y la concreción;

se aferra a los acuerdos;

no propenso a arrebatos dramáticos;

Suele pensar de forma práctica, no solo emocional. 

Con narices así, a menudo te encuentras con hombres responsables; Tal vez no sean los más románticos, pero son estables. Son del tipo que no te prometerá el cielo, pero te llevará al aeropuerto a tiempo, pagará las cuentas y volverá a casa con pan sin olvidarlo.

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La desventaja: a veces son más áridas y menos espontáneas. Si eres una mujer que disfruta de los grandes gestos y las sorpresas, puede que te resulten aburridas. Pero si sueñas con un hogar ordenado, planos compartidos y alguien en quien apoyarte, es una buena señal.

2. Una nariz ligeramente curvada: un carácter profundo y un alma compleja.
En los hombres con mentón visible, pero no excesivo, de perfil, la madre solía decir: “Esta nariz ha visto tanto el bien como el mal”. Por lo general, tienen:

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