Mis bebés.
Decirlo me destrozó y me dio fuerzas a la vez.
—Por ahora, sí —dijo—. Ambos tienen actividad cardíaca. Necesitaremos revisiones frecuentes, reposo relativo según cómo evolucionen, pruebas y mucha paz y tranquilidad.
Diego soltó una risa quebrada.
—Cálmate. Claro.
La doctora se volvió hacia él.
—Señor, con el debido respeto, si ha venido a molestar más a mi paciente, le pido que se retire.
Mi paciente.
No «su esposa».
No «la acusada».
Yo.
Por primera vez en semanas, alguien me pertenecía.
Diego se levantó.
—Laura, tenemos que hablar.
Me incorporé lentamente. El médico me ayudó a quitarme el gel y me dio una toalla. Me bajé el vestido con manos temblorosas, pero no por miedo.
—No —dije.
Diego frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir con no?
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