se quedó inmóvil.
Ernesto recorrió con la mirada las mesas.
—¿Saben por qué están aquí esta noche?
Algunas personas intercambiaron miradas.
—Para recaudar fondos para el nuevo centro —respondió alguien.
—Exactamente.
Ernesto comenzó a caminar entre las mesas.
—Un lugar donde antiguos militares y sus familias podrán recibir orientación, capacitación para encontrar empleo, apoyo emocional y, cuando lo necesiten, una comida caliente.
Se detuvo.
—Un proyecto necesario.
Ricardo recuperó algo de seguridad.
—Eso es lo que llevamos meses organizando.
—Lo sé.
—Entonces debería saber cuánto trabajo ha costado.
—También lo sé.
Ernesto volvió hacia el piano.
—Pero el proyecto no habría podido empezar sin una donación inicial.
Nadie habló.
Todos conocían la historia.
Meses atrás, un benefactor anónimo había aportado una cantidad enorme para poner en marcha el centro.
La identidad del donante nunca se había revelado.
—Ochenta millones de pesos —dijo Ernesto.
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