Prepara la ralladura.
Después de lavar bien los limones con agua fría, séquelos con palmaditas. Retire la cáscara con un pelador de verduras o un cuchillo pequeño, con cuidado de no cortar la parte blanca y amarga, conocida como corteza.
Deja secar la cáscara.
Dependiendo de lo que tengas disponible, puedes elegir entre tres métodos:
Al sol: Durante dos o tres días, extienda la cáscara sobre un paño limpio y colóquela en un lugar luminoso. Para evitar la humedad, déjela en el interior durante la noche.
En la cocina, es un ingrediente casi mágico: basta con una pizca para transformar una receta sencilla en un plato delicioso y aromático.
Para un toque dulce: Para un toque ácido delicado pero sofisticado, espolvoréalo sobre pasteles, magdalenas, natillas o galletas. ¡Una verdadera delicia en una tarta de frutas o un pastel de yogur!