segunda pared al fondo.
Madera nueva.
Una puerta improvisada.
—Shawn —dijo Brenda detrás de mí—. Déjame explicarte primero.
Bajé.
—¡Shawn!
Corrí hasta la puerta.
Estaba cerrada por fuera con un cerrojo.
Lo abrí.
—¿Papá?
Nada.
—¿Mamá?
Escuché una respiración.
Encendí la linterna del teléfono.
Y el mundo se me partió.
Mi padre estaba tendido sobre un colchón.
Pesaba quizá veinte kilos menos de lo que recordaba.
Tenía barba larga.
Una manta cubría sus piernas.
En una mano sostenía un pedazo de tubo metálico.
El mismo con el que había golpeado el techo.
—Papá.
Sus ojos se abrieron.
Tardó varios segundos en reconocerme.
Después empezó a llorar.
—Shawn.
Caí de rodillas.
—Estoy aquí.
Intentó incorporarse.
No pudo.
—¿Dónde está mamá?
Su expresión cambió.
Señaló hacia un rincón.
Había otra cama.
Vacía.
Sentí terror.
—¿Dónde está mamá?
Mi padre apenas pudo hablar.
—Hospital.
Me giré hacia Brenda.
Ella estaba en
