la mía.
La noche del 23 de diciembre llegué creyendo que iba a sorprender a mis padres por Navidad.
Encontré unas gafas rotas.
Una habitación cerrada.
Una hermana mintiendo.
Y tres golpes debajo del piso.
Aquellos golpes no solo me llevaron hasta mi padre.
Me despertaron.
Doce años tarde.
Pero me despertaron.
Y desde entonces, cada Navidad, cuando entro en aquella cocina, papá levanta su bastón y golpea tres veces el suelo.
Mamá protesta desde el comedor.
George se ríe.
Yo respondo golpeando tres veces la mesa.
Porque ahora todos sabemos lo que significa.
