un drama. Haz que Sofía le pida disculpas a Diego. Si estos días se porta bien, te vuelvo a meter al grupo.
Aquello me rompió algo por dentro.
Recordé cuando Diego tenía ocho años y despertaba llorando porque extrañaba a su mamá. Yo me sentaba junto a él hasta que se dormía.
Recordé aquella madrugada en que tuvo casi cuarenta grados de fiebre y Eduardo estaba fuera por trabajo. Laura, su madre, dijo que no podía ir. Yo dejé a Sofía, que apenas era una bebé, con mi vecina y pasé toda la noche en urgencias con Diego.
Y ahora yo era la madrastra injusta.
—Eduardo —pregunté—, ¿alguna vez me has considerado realmente parte de tu familia?
Frunció el ceño.
—¿Otra vez con eso?
—Laura lleva seis años divorciada de ti y nunca salió del grupo familiar. A mí me sacas cada vez que ella, Diego o tus padres se
