Los expertos en análisis del comportamiento señalan que estas dos preguntas funcionan porque incrementan la llamada carga cognitiva, es decir, el esfuerzo mental necesario para sostener una mentira. Cuanto mayor es esa carga, más probable resulta que aparezcan inconsistencias en la historia.
Sin embargo, también advierten que ningún método garantiza detectar una mentira con absoluta certeza. Factores como el estrés, los nervios o las diferencias en la memoria pueden influir en la forma en que una persona responde a las preguntas, incluso cuando está diciendo la verdad
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Por esta razón, los especialistas recomiendan considerar estas técnicas como herramientas de observación, no como pruebas definitivas. Lo más importante es evaluar el conjunto de la conversación, observar si el relato se mantiene coherente con el tiempo y analizar cómo responde la persona a preguntas adicionales.
En contextos profesionales como las investigaciones policiales, las entrevistas laborales o los procesos judiciales, los interrogadores suelen utilizar estrategias similares para explorar la consistencia de los testimonios. Estas técnicas se basan en estudios sobre memoria, atención y procesamiento cognitivo, que muestran cómo el cerebro maneja la información real frente a la inventada.
