Mis padres me miraron con ojos fríos y dijeron… – galaxia

La chica me miró entonces, con los ojos llenos de algo diferente… no era juicio, era dolor.

—¿Sobreviviste… sola?

Respiré hondo.

—No solo sobreviví —dije—. Construí todo lo que ves ahora… sin ellos.

Otro silencio se apoderó del lugar.

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Mi madre dio un paso hacia mí, temblando.

—Hija… perdónanos… por favor…

Levanté la mano, deteniéndola.

—No.

Esa sola palabra fue firme, clara y definitiva.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No vine a pedir tu perdón —continué—. Vine a cerrar algo que dejaste abierto hace veinte años.

Mi padre levantó la vista, conteniendo las lágrimas.

—¿Y… lo lograste?

Lo miré fijamente.

Luego miré la casa en ruinas, la puerta oxidada, el patio abandonado…

Y por primera vez en años… ya no sentía ese nudo en el pecho.

—Sí —respondí en voz baja.

La chica dio un paso hacia mí.

—Yo… no sabía nada —dijo—. Pero… si eres mi hermana… me gustaría conocerte.

Sus palabras me sorprendieron.

Había sinceridad en su voz. Sin culpa heredada. Sin juicio.

Solo curiosidad… y una especie de afecto que nacía sin pasado.

La miré durante un largo rato.

Y entonces… sonreí, pero esta vez no con frialdad.

—Quizás… en otra vida —respondí en voz baja.

Bajó la mirada, triste… pero comprensiva.

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