Porque proteger a tu hijo no siempre significa darle más. A veces significa negarte a permitir que otros se lleven lo que nunca fue suyo: su trabajo, su paz, su confianza, su derecho a triunfar sin pedir perdón.
Las familias se supone que te enseñan dónde perteneces.
Ese año, yo le enseñé a mi hija algo mejor: que el amor no exige desaparecer, y que la culpa no es el precio del éxito.
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