Mi vecino aplastó la bicicleta que mi hijo compró después de ahorrar casi un año y se negó a pagarla… yo quería llevarlo hasta el juzgado, pero mi hijo ya había preparado algo que nadie en la colonia esperaba

meterse en lo que no le importa.

Mateo no contestó.

Entró a nuestra  casa.

El video terminó.

Yo estaba furioso.

Pero antes de poder decir nada, Mateo me tocó el brazo.

—Papá, por favor.

—¿Por favor qué?

—No hagas lo que él espera.

Esa frase me detuvo.

—¿Qué espera?

—Que pierdas la cabeza.

Miré a Rogelio.

Y entendí.

Si yo lo empujaba, amenazaba o hacía cualquier tontería, él podía convertir la historia en otra cosa.

Así que respiré.

—Está bien.

Me senté.

Rogelio pareció decepcionado.

Patricia recogió sus documentos.

—Mañana habrá una reunión extraordinaria del comité. Rogelio, se revisarán las infracciones relacionadas con el acceso y los daños documentados.

—No voy a ir.

—Es tu decisión.

Rogelio miró a Mateo.

—Y tú vas a arrepentirte de meterte conmigo.

Me levanté inmediatamente.

—Eso sí no.

Patricia también reaccionó.

—Rogelio, acabas de amenazar a un menor frente a tres adultos.

—No lo

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