quédate un momento.
Me detuve.
Supuse que quería hablar conmigo sobre alguno de mis trabajos.
Cuando el último estudiante salió del aula, el profesor Hayes cerró sus libros, caminó hacia la ventana y permaneció allí en silencio durante varios segundos.
Luego se volvió hacia mí.
—Tu nombre completo es Emily Carter, ¿verdad?
—Sí.
Me miró durante demasiado tiempo.
No me gustó aquella mirada.
—¿Tu padre es Daniel Carter?
Fruncí el ceño.
—Sí. ¿Por qué?
Por un instante, algo cambió en su rostro.
Pero enseguida recuperó la compostura.
—Por nada. Puedes irte.
Después de aquello, volvió a pasar.
Una y otra vez.
Casi después de cada clase.
—Emily, quédate un momento.
—Emily, necesito hablar contigo.
Pero cada vez que los demás estudiantes finalmente se marchaban, él me hacía alguna pregunta sin importancia sobre mis trabajos o simplemente decía:
—De acuerdo. Puedes irte.
Una tarde, mi amiga Sarah se rio y comentó:
