poco a poco fueron deteriorando su calidad de vida.
Con el paso de los años, muchas personas del vecindario pensaban que era su hija biológica. Nadie dudaba del cariño que existía entre ambos. Él hablaba de ella con orgullo y siempre destacaba lo feliz que se sentía de haber podido verla crecer. Incluso quienes los conocían desde hacía tiempo aseguraban que la diferencia de sangre nunca había representado un obstáculo para la relación que habían construido.Cuando el estado de salud del hombre empeoró, ella permaneció a su lado hasta el final. Lo acompañó a consultas médicas, estuvo pendiente de sus medicamentos, lo ayudó en las tareas diarias y procuró que nunca se sintiera solo. Aquellos últimos meses fueron difíciles para toda la familia, pero ella jamás imaginó que el verdadero conflicto comenzaría después del funeral.
Días más tarde llegó el momento de realizar la lectura del testamento. Aunque no
