La habitación quedó en silencio.
Entonces se apagaron las luces.
Una oleada de confusión recorrió la multitud antes de que un único y potente foco iluminara la gran entrada. Las pesadas puertas dobles permanecieron cerradas un segundo más de lo necesario, aumentando la expectación.
Entonces, lentamente, se abrieron.
El señor Harrison Blackwood, director ejecutivo de la compañía desde hace mucho tiempo, subió al escenario y su presencia captó la atención de inmediato.
—Señoras y señores —comenzó, con su voz grave y firme resonando en el silencioso salón—. Durante años, ha optado por mantenerse alejada del ojo público. Pero esta noche… ha decidido dar un paso al frente.
Una pausa.
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