Contestó con brusquedad.
“¿Mamá?”
Su expresión cambió.
“¿Qué quieres decir con que se lo llevaron?”
El desconocido se acercó.
“¿Qué pasó?”
Caleb palideció.
“Noah ya no está. La policía los detuvo en la autopista.”
El hombre maldijo. Entonces Caleb levantó la vista.
No directamente hacia mí, sino hacia el ático.
“¿Dónde está Elise?”
El corazón se me detuvo. Comenzó a moverse por el pasillo, revisando las habitaciones.
“¿Elise?”, llamó, con la voz suave otra vez. “Cariño, ¿dónde estás?”
Me apreté contra una pila de cajas de almacenamiento.
Los escalones del ático crujieron.
Una vez.
Dos.
Entonces las sirenas estallaron afuera. Luces rojas y azules parpadearon a través de la pequeña rejilla del ático. Caleb se quedó inmóvil.
La puerta principal retumbó con golpes.
“¡FBI! ¡Abra la puerta!”
El hombre del impermeable corrió hacia la parte trasera.
Caleb no se movió. Se quedó al pie de las escaleras del ático, mirando hacia la oscuridad.
Por primera vez en seis años, vi al verdadero hombre detrás del rostro de mi esposo. Y sonrió.
“Tu hermana debió mantenerse al margen”, dijo.
Entonces la puerta de abajo se abrió de golpe.
**Parte 3:**
El FBI se llevó a Caleb esposado antes del amanecer.
Su verdadero nombre no era Caleb Morrison.
Era Owen Price.