—¡Señor Imperial! ¡Parece que se ha apiadado de mí! ¡Lo tomaré como mi compañero! ¡Clara! Por favor, pregúntele a ella; ¡solíamos estar juntos! —gritó Julian mientras lo arrastraban fuera de la catedral, entre los gritos de los invitados y los flashes de las cámaras.
No sentí lástima. Simplemente lo vi desaparecer. El hombre que había destruido a mi familia estaba completamente destrozado.
El Juramento Verdadero
Cuando el silencio volvió a reinar en la catedral, Gabriel se volvió hacia mí. A pesar de su traje descolorido y desgastado, para mí era el hombre más guapo y distinguido del mundo.
Tomó mis manos temblorosas.
—Clara —murmuró suavemente, con los ojos llenos de respeto y sinceridad. “Te he observado durante mucho tiempo, en mis viajes. He sido testigo de tu arduo trabajo, tu bondad y tus sacrificios por tu familia. Mi misión —salvar a la empresa de las garras de gente codiciosa como Julian— se ha cumplido.” También le pedí a mi equipo que le explicara a tu madre los detalles de la operación que tuvo lugar esta mañana en el mejor hospital.
Mis lágrimas corrían, no por dolor, sino por una inmensa felicidad y gratitud. “G-Gracias… Sr. Imperial.” “Gabriel, vamos”, dijo ella sonriendo. Lentamente se arrodilló sobre una pierna ante el altar. “No sé si aún crees en el amor después de lo sucedido… pero ¿puedo continuar con este matrimonio, no como un castigo, sino como el comienzo de una vida de protección y amor?”
Mis lágrimas seguían corriendo, y logré esbozar una tierna sonrisa. Entre los aplausos y vítores de los invitados que antes se habían burlado de nosotros, me besó la mano. Aquel no era un día de vergüenza. Era el comienzo de un amor nacido en la oscuridad y que culminaba en una verdad radiante.