Mi esposo me pidió el divorcio mientras yo esperaba a su hija… pero se enfureció cuando acepté marcharme

PARTE 2

La mujer junto a la entrada era hermosa de una manera delicada, casi estudiada.

Cabello castaño, piel pálida, vestido blanco y una expresión vulnerable capaz de despertar el instinto protector de cualquier hombre.

Cuando vio a Adrian, sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Pensé que no vendrías a verme.

 

Su nombre era Sophia Bennett.

La mujer a la que Adrian había amado antes de conocerme.

La mujer que, según los rumores, lo abandonó para casarse con el heredero de una familia europea cuando Sterling Group atravesaba su peor crisis financiera.

Adrian bajó del auto sin decirme una palabra.

Sophia corrió hacia él y lo abrazó.

 

Él no le devolvió el abrazo.

Pero tampoco la apartó de inmediato.

Yo observé la escena desde el asiento del copiloto.

Resultaba curioso.

Durante tres años había imaginado que, si algún día veía a Adrian abrazando a otra mujer, sentiría que el mundo se derrumbaba.

Sin embargo, lo único que sentí fue cansancio.

 

Sophia levantó el rostro.

—Adrian, no sabía que ella estaba contigo.

Luego miró mi vientre y fingió sorpresa.

—¿Está embarazada?

Adrian se separó de ella.

—Sí.

—Pero dijiste que te divorciarías.

—Ya lo hicimos.

Sophia intentó ocultar su alivio, aunque la curva de sus labios la traicionó.

—Entonces podemos empezar de nuevo.

 

Adrian no contestó.

Abrió la puerta del auto y me ofreció la mano.

—Entra a descansar.

Sophia palideció.

—Adrian, vine desde tan lejos para verte.

—Elena necesita reposo.

Aquellas palabras la hirieron más que cualquier rechazo directo.

Yo acepté su mano y salí lentamente.

Al pasar junto a Sophia, ella se inclinó hacia mí.

 

—Debes de sentirte muy humillada.

Me detuve.

—¿Por qué?

—Porque él te dejó en cuanto regresé.

La miré con una sonrisa tranquila.

—Entonces deberías estar agradecida conmigo. Te lo entregué sin obligarte a luchar.

Su expresión se congeló.

Entré en la villa sin volver la cabeza.

Pocos minutos después, Adrian apareció detrás de mí.

 

—Sophia se hospedará temporalmente en una propiedad de la familia —explicó—. No vendrá aquí otra vez.

Me quité los zapatos con lentitud.

—No necesitas explicarme nada. Ya no soy tu esposa.

La frase pareció irritarlo.

—¿Puedes dejar de recordármelo?

—¿Preferirías que lo olvidara?

Adrian abrió la boca, pero no respondió.

 

Aquella tarde hice las maletas.

No tenía intención de permanecer en una casa donde podía encontrarme cada mañana con mi exmarido.

Cuando el personal bajó mis cosas, Adrian salió de su despacho.

—¿Adónde vas?

—A mi apartamento.

—La villa es tuya.

—Los documentos aún no están registrados.

—Lo estarán mañana.

 

—Aun así, prefiero marcharme.

Se interpuso en mi camino.

—El médico dijo que debías evitar esfuerzos.

—No estoy haciendo ningún esfuerzo. Hay personas encargándose del equipaje.

—Elena.

—Señor Sterling, apártese.

Sus ojos se oscurecieron.

—Te llevaré.

—No es necesario.

—No te lo estoy preguntando.

Antes de que pudiera responder, su teléfono comenzó a sonar.

 

El nombre de Sophia apareció en la pantalla.

Adrian rechazó la llamada.

Sonó otra vez.

Y otra.

Finalmente contestó.

—¿Qué ocurre?

No pude escuchar las palabras de Sophia, pero vi cómo su expresión cambiaba.

—Voy para allá.

Guardó el teléfono y me miró con evidente conflicto.

—Sophia tuvo un accidente.

 

—Entonces deberías ir.

—Haré que el conductor te lleve.

—De acuerdo.

Mi facilidad para dejarlo marchar pareció enfurecerlo todavía más.

Pero no dijo nada.

Aquella noche me instalé en un pequeño apartamento que había comprado antes del matrimonio y que Adrian desconocía.

A la mañana siguiente acudí sola a la clínica.

Tenía una cita para evaluar la interrupción del embarazo.

No estaba segura de querer hacerlo.

Pero necesitaba conocer mis opciones antes de tomar una decisión.

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