“No. Dijiste que perdiste el control.”
“Hay alguna diferencia?”
“Sí. Lo siento, acepta la responsabilidad. Perder el control pide simpatía.”
Su mandíbula se apretó.
“Esto es venganza.”
“No. La venganza sería arrebatárselo todo a todo el mundo. Sólo estoy recuperando lo que era mío.”
La seguridad lo escoltó fuera del edificio.
La respuesta de Evelyn fue menos controlada.
Esa noche llegó a mi apartamento.
No le dije dónde vivía.
Alguien más lo había hecho.
El portero llamó arriba.
“Hay una mujer aquí que dice ser tu suegra.”
“No la dejes levantarse.”
“Ella dice que es una emergencia.”
Naomi, que estaba revisando documentos en la sala de estar, negó con la cabeza.
“Déjala hablar en el vestíbulo. Las cámaras están grabando.”
Bajé las escaleras con Naomi y dos agentes de seguridad.
Evelyn estaba parada cerca de la entrada usando gafas oscuras y un abrigo con ribete de piel.
En el momento en que me vio, se quitó las gafas.
Sus ojos estaban rojos.
“Destruiste a mi hijo.”
“No.”
“Le quitaste su compañía.”
“Le quité el acceso durante una investigación.”
“Lo humillaste.”
“Me dio una bofetada delante de tu familia.”
Su boca se apretó.
“Lo provocaste.”
Naomi dio un paso adelante.
“Ten cuidado.”
Evelyn la ignoró.
“Siempre has querido separarlo de mí.”
“Pagué tu casa, tu chofer, tu ropa y tu mesada.”
Evelyn soltó una risa amarga.
“Ese dinero llegó a través de Daniel.”
“Vino de mi.”
“Esperas que crea eso?”
Le entregué una copia de los registros de transferencia.
Ella miró la primera página.
Luego el segundo.
Su expresión cambió.
“Tu?”
“Sí.”
“Todos estos años?”
“Sí.”