Cuando levanté la maceta para llevarla al patio, noté que pesaba mucho más de lo normal. Además, la base parecía tener dos capas.
Recordé entonces las palabras exactas del testamento:
“Junto con su maceta, su plato de cerámica y todo aquello que contenga”.
No decía solamente que me dejaba la planta.
Decía todo aquello que contuviera.
Retiré la tierra con cuidado y saqué el cepellón. No encontré nada entre las raíces. Después limpié la maceta y descubrí una pequeña ranura oculta debajo de una capa de silicona.
Introduje la punta de un cuchillo y levanté el falso fondo.
Dentro había una bolsa impermeable.
Mis manos comenzaron a temblar.
La bolsa contenía una llave pequeña, una memoria digital y una carta escrita por Teresa.
La primera línea hizo que tuviera que sentarme.
“Mariana: si estás leyendo esto, significa que no logré salir con vida del hospital y que Lea ya reclamó aquello que tanto deseaba”.
Conecté la memoria a mi computadora.
Había decenas de grabaciones de audio, fotografías de documentos bancarios y videos tomados desde una pequeña cámara instalada en el dormitorio de Teresa.
