No.
Después de que Rosa denunciara que Vanessa había animado a los proveedores a inflar sus facturas, mis abogados repusieron la cuenta con una reserva rastreable.
“¿Qué contratos?”, pregunté.
“Todo.”
“¿Y qué pasa con las comisiones?”
Entrecerró los ojos.
Llamé a Martin Hale, nuestro asesor legal, y puse el teléfono en altavoz.
“Tenemos confirmación”, le dije.
—Entendido —respondió—. Las solicitudes de pago fraudulentas están bloqueadas. Los investigadores están preparados.
Daniel me miró.
“¿Fraudulento?”
Martin continuó.
“La Sra. Vale solicitó a tres proveedores que añadieran honorarios de consultoría ficticios por un total de doscientos cuarenta mil dólares. Dichos honorarios fueron pagados a una agencia propiedad de su hermano.”
Vanessa dio un paso atrás.
“Eso es mentira.”
Coloqué los documentos bancarios sobre la mesa.
“La agencia de tu hermano se creó once días después de vuestro compromiso.”
Daniel recogió los discos.
En cuestión de segundos, parecía haber envejecido años.
Vanessa se obligó a llorar.
“Daniel, tu madre me odia. Ella fue quien orquestó todo.”
—No —dijo en voz baja—. Ella te dejó en paz. Le mostraste quién eras.
Sus lágrimas desaparecieron al instante.
—Niño débil —espetó—. Sin mí, no eres más que el obediente heredero de tu madre.
Sostuve su mirada.
“Ese fue tu último error. Daniel no es mi sucesor por sangre. Se ganó este puesto gracias a su integridad. Y la confianza que esperabas obtener tras el matrimonio no puede ser vulnerada por ningún cónyuge.”
Las sirenas aullaban más allá de las puertas.
Vanessa se giró hacia las ventanas.
No había traído a Daniel solo para revelarle su crueldad.
Lo traje aquí para que pudiera presenciar el derrumbe de todo su plan.
PARTE 3
Dos investigadores especializados en delitos financieros llegaron con Martin y un agente de policía uniformado. Vanessa retrocedió hasta que su espalda tocó las escaleras, agarrándose con una mano a la barandilla.
“Se trata de un malentendido familiar”, dijo.
Martin abrió un grueso archivo.
“No. Se trata de intentos de fraude electrónico, autorizaciones falsificadas y conspiración.”
Daniel la miró.
“¿Permisos falsificados?”
Martin le entregó una pila de documentos.
Vanessa había reproducido la firma de Daniel en las aprobaciones de proveedores e incluso había preparado documentos que la habrían convertido en codirectora de su empresa de inversiones después del matrimonio.
Daniel leyó cada página sin decir una palabra.
Cuando finalmente levantó la vista, el dolor en sus ojos superó su ira.
“¿Todo esto fue real?”
“Por supuesto.”
“¿Entonces por qué investigaste mi fiabilidad antes de nuestra segunda cita?”
El silencio se apoderó de la habitación.
Un análisis forense jurídico del ordenador portátil de trabajo que Vanessa había tomado prestado reveló búsquedas relacionadas con el patrimonio de Daniel, sus derechos matrimoniales, disputas fiduciarias y procedimientos por incapacidad.
La imagen cuidadosamente construida que había cultivado se derrumbó.
El resto lo encontrará en la página siguiente.