“Ella sale de casa todas las mañanas. La veo salir por la puerta.”
—No —dijo la señora Carter—. No ha asistido a ninguna de sus clases desde el lunes.
“El lunes… de acuerdo. Gracias por avisarme. Hablaré con ella.”
Colgué el teléfono y me quedé sentada. Mi hija había estado fingiendo ir al colegio toda la semana… ¿adónde había ido en realidad?
Cuando Emily llegó a casa esa tarde, yo la estaba esperando.
—¿Qué tal te fue en la escuela, Em? —pregunté.
Cuando Emily llegó a casa esa tarde, yo la estaba esperando.
—Lo de siempre —respondió—. Tengo un montón de deberes de matemáticas, y la historia es aburridísima.
“¿Y qué hay de tus amigos?”
Ella se puso rígida.
“¿Ellos?”
Emily puso los ojos en blanco y dejó escapar un profundo suspiro. “¿Qué es esto? ¿La Inquisición española?”
Se marchó furiosa a su habitación y la observé irse. Llevaba cuatro días mintiendo, así que pensé que una confrontación directa solo la haría empeorar las cosas.
Necesitaba un enfoque diferente.
Llevaba cuatro días mintiendo.
***
A la mañana siguiente, seguí con la rutina.
