La sorpresa de cumpleaños que aterrorizó al marido.

PARTE 1

—Quiero el divorcio, Elena. Y quiero que firmes antes de que termine la noche.

Álvaro Montalbán pronunció aquellas palabras delante de toda su familia, justo cuando su esposa se disponía a soplar las velas de su cumpleaños. El cuchillo quedó suspendido sobre la tarta. Su suegra bajó la mirada, su cuñada sonriendo disimuladamente y el hombre con quien había compartido 6 años de matrimonio dejó una carpeta negra junto a las copas de champán.

Elena Serrano cumple 35 años. Había organizado aquella cena en el elegante piso familiar del barrio de Salamanca, en Madrid, creyendo que serviría para recuperar la cercanía con su marido.

Sin embargo, descubrió que todos conocían el verdadero motivo de la reunión.

—Lo sabíais? —preguntó mirando a Mercedes, su suegra.

La mujer se acomodó cuidadosamente su collar de perlas.

—Álvaro lleva meses sufriendo. Lo mejor es aceptar las cosas con dignidad.

— ¿Y la dignidad consiste en humillarme durante mi cumpleaños?

Lucía, la hermana de Álvaro, soltó una carcajada.

—Siempre tienes que convertirlo todo en un drama.

Elena abrió la carpeta.

El documento establecía que debía abandonar el domicilio en 30 días. El coche quedaría a disposición de la empresa familiar y recibiría 80.000 euros como compensación definitiva.

También apareció una cláusula especialmente inquietante: Elena renunciaría a formular cualquier reclamación relacionada con los trabajos realizados para Montalbán Sistemas.

Durante años había preparado informes financieros, negociado contratos y revisado proyectos empresariales sin cobrar un sueldo.

Su marido siempre decía que aquello era simplemente ayudar a la familia.

— ¿80.000 euros por 6 años de matrimonio y todo mi trabajo? —preguntó.

Álvaro se encogió de hombros.

— Deberías agradecerlo. No tienes empleo estable ni patrimonio conocido. Estoy ofreciéndote una salida cómoda.

Elena sintió que algo se rompía.

No era el matrimonio. Aquello llevaba meses desmoronándose.

Era la imagen del hombre que alguna vez había prometido respetarla incluso cuando no tuviesen nada.

—No voy a firmar.

Álvaro golpeó la mesa.

—No compliques las cosas. Mi abogado lo ha preparado todo.

—Entonces tendrá que acostumbrarse a esperar.

Mercedes intervino inmediatamente.

—Elena, cariño, tampoco puedes pretender vivir eternamente del esfuerzo de mi hijo.

Aquella frase provocó un silencio insoportable.

Elena recordó las noches revisando presupuestos mientras Álvaro dormía, las vacaciones canceladas para preparar reuniones y la consultoría que nunca abrió porque su marido necesitaba ayuda.

Pero no respondió.

Se limitó a quitarse la alianza y colocarla sobre el documento.

—Podéis quedaros con vuestra

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