Preparación: cómo amasar los sentimientos
Pon la sonrisa en un tazón grande
Cada mañana, incluso si no tienes ganas, sonríe: no para fingir, sino para recordarte a ti mismo que puedes elegir la luz.
Abrazos, uno a uno
. Los abrazos no se dan a la ligera: se dan despacio. Un abrazo sincero vale más que mil palabras.
Ofrezca palabras amables y paciencia.
Las palabras dichas con paciencia se convierten en un bálsamo para el alma.
Cocina cada día con calma.
La bondad crece poco a poco, como el buen pan. Añade un gesto o una sonrisa cada día y deja que su aroma llene tu vida.