La Niña Que Acusó Al Hombre Más Fiel Del Jefe De La Mafia-aurelle

intentando comprender cómo había conseguido atravesar las zonas de la casa donde ni siquiera algunos empleados tenían permiso para entrar.

Detrás de él había cuatro hombres de seguridad.

Los cuatro estaban acostumbrados a situaciones peligrosas, pero ninguno parecía preparado para aquella pequeña visitante.

—¿Tú vas a protegerme? —preguntó Vincent.

—Sí, señor.

—¿De todo?

Lily asintió con energía.

Vincent se recostó en su silla y miró por encima del hombro.

—Caballeros, parece que ya no necesito sus servicios.

Los guardias permanecieron en silencio.

Lily frunció el ceño, estudiándolos con la atención de alguien que toma una decisión importante.

—No hace falta despedirlos —dijo finalmente—. Pueden ayudarme.

Y entonces ocurrió algo que ninguno de los presentes esperaba.

Vincent comenzó a reír.

Primero fue una sonrisa breve, casi involuntaria.

Después, una carcajada profunda que terminó haciendo que el periódico se le resbalara de las manos.

Uno de sus guardias miró discretamente a los

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