—Tu tío perdió a su hermana aquella noche.
—Y convirtió su dolor en una manera de controlarnos.
Valeria le mostró las fotografías de las cartas.
Octavio reconoció los sobres.
—Gonzalo me dijo que el centro había retirado el programa.
—Mintió. También escondió la silla que compraste para mí.
El padre se sentó lentamente.
—¿Por qué haría algo así?
—Porque mientras yo siga indefensa y tú sigas asustado, él será indispensable.
Octavio guardó silencio.
—Este domingo iré sola a la cafetería —continuó Valeria—. No estoy pidiendo permiso. Te aviso porque te quiero.
—No estás preparada.
—Eso mismo dice Gonzalo cada vez que intento vivir.
Aquella noche, Octavio fue al despacho de su cuñado dentro de la mansión. Por primera vez revisó los archivos sin avisarle.
En un cajón encontró informes del centro de rehabilitación, invitaciones de amigos de Valeria y solicitudes para retomar sus estudios.
Todos habían sido rechazados por Gonzalo.
