Después abrió la caja fuerte donde guardaba contratos, estados de cuenta y documentos relacionados con la compra del departamento.
A la mañana siguiente pidió cita con una abogada.
No iba a gritar.
No iba a romper platos.
No iba a advertirles que había descubierto todo.
Rodrigo y Teresa querían agotarla hasta que cometiera un error.
Mariana decidió hacer exactamente lo contrario.
Durante varios días siguió sirviendo comida a una mujer que podía caminar y durmiendo junto a un hombre que planeaba despojarla.
Hasta que su abogada colocó frente a ella una carpeta y dijo:
—Ya revisé los documentos y los videos. No hagas nada impulsivo. Si ellos creen que todavía no sabes nada, tenemos ventaja.
Mariana levantó la mirada.
—¿Qué hacemos?
La abogada acercó la carpeta.
—Primero vamos a proteger tu dinero y el departamento. Después vamos a dejar que Rodrigo descubra, de golpe, que la mujer que él creía
