3 meses después, Arturo pidió el informe de seguimiento.
No preguntó cuántos créditos había colocado David.
Preguntó cuántas reclamaciones había recibido.
La respuesta fue 0.
Al sexto mes, Arturo acudió sin avisar a una pequeña oficina colaboradora en Usera. Volvió a ponerse una chaqueta antigua
y unos zapatos sin brillo. Entró y encontró a David hablando con un repartidor autónomo que necesitaba revisar una cuota.
David levantó la vista.
Reconoció a Arturo de inmediato.
Durante 2 segundos ninguno dijo nada.
Arturo pensó que David se pondría de pie, que intentaría agradarle o que llamaría a un supervisor.
David hizo algo distinto.
Señaló una silla.Sofás y sillones
—En cuanto termine con este señor, le atiendo. Si su gestión es urgente, mi compañera puede empezar a revisarla ahora.
Arturo miró al repartidor.
Ver más
Vehículos usados
uniformes
Servicios de oficina
David continuó escuchándolo sin apresurarlo.
Cuando terminó, el hombre guardó sus papeles y se marchó.
Solo entonces David se acercó.
—Supongo que viene a comprobar si aprendí la lección.
—Vengo a comprobar cómo trata a alguien cuando cree que no tiene nada que ofrecerle.
David sostuvo su mirada.
—Ahora sé que eso era exactamente lo que
hacía mal.
No pidió recuperar la dirección. No habló de objetivos ni de su antigua oficina.Diccionarios y enciclopedias
Contó que su hijo mayor le había preguntado por qué ya no llevaba el coche de empresa. Al principio había inventado una explicación. Días después decidió contarle la verdad: había perdido el puesto porque había tratado mal a una persona creyéndose superior.
—Fue la conversación más difícil que he tenido con él —admitió—. Pero no quería enseñarle a esconder los errores detrás de una corbata.
Arturo asintió.
David le tendió una hoja. Era una propuesta para crear jornadas mensuales de asesoramiento gratuito para autónomos que no entendieran productos bancarios básicos. La había preparado con Sara y Miguel.
Arturo leyó el documento completo.
—Presénteselo a Miguel. Ahora él coordina este tipo de iniciativas.
David sonrió con cierta vergüenza.
Meses atrás, aquella frase lo habría destruido.
Esta vez respondió:
—Ya tengo cita conhacía mal.
No pidió recuperar la dirección. No habló de objetivos ni de su antigua oficina.Diccionarios y enciclopedias
