En Año Nuevo descubrí que mi esposo empresario llevaba meses mintiéndome y esa noche estaba con otra mujer. Solo le escribí a mi abogado: “Prepara el divorcio”, cambié las cerraduras y desaparecí antes del amanecer. Él regresó convencido de que yo terminaría perdonándolo… hasta que supo que también había encontrado el departamento, el coche y el dinero oculto.

A las diez de la mañana del día siguiente, Rafael me mostró los primeros documentos por videollamada.

—Valeria, necesito que estés preparada. Esto ya no parece solamente una infidelidad.

Alejandro poseía participaciones importantes en Robles Capital, dos departamentos de lujo, inversiones y cuentas que yo conocía.

Pero había otra cuenta.

Una que nunca había visto.

Durante casi un año habían salido cantidades enormes de dinero hacia una sociedad registrada en Panamá. Algunos depósitos provenían de recursos personales y otros habían sido contabilizados en la empresa como pagos a un supuesto proveedor.

—¿Quién controla esa sociedad? —pregunté.

Rafael guardó silencio unos segundos.

—Camila Torres.

Sentí que se me helaban las manos.

No solo me engañaba con ella.

La estaba financiando con dinero que, al menos en parte, pertenecía al patrimonio que habíamos construido durante nuestro matrimonio bajo sociedad conyugal.

Y eso apenas era el comienzo.

Camila tenía un departamento nuevo en Santa Fe. El enganche había salido de una cuenta de Alejandro.

También conducía un automóvil deportivo comprado mediante una operación de Robles Capital.

Las transferencias investigadas superaban ya los veinte millones de pesos y Rafael sospechaba que había mucho más escondido.

Me instalé temporalmente en un departamento de Providencia, Guadalajara, que mis padres me habían dejado antes de morir. Aquella propiedad nunca había pertenecido a Alejandro.

Cuando abrí las ventanas después de años sin vivir allí, sentí por primera vez que todavía existía un lugar en el mundo que era solamente mío.

Alejandro comenzó a bombardearme con llamadas.

Primero preocupado.

Después furioso.

—¿Qué demonios significa este espectáculo? Tenemos reuniones importantes el próximo mes. ¿Quieres que toda la empresa se entere de nuestros problemas?

“Espectáculo”.

Así llamaba a mi decisión de dejarlo.

Su madre, Elena, incluso viajó para hablar conmigo.

—Vale, sé que Alejandro hizo algo terrible. Pero son cinco años de matrimonio. No destruyan su familia por un error.

La miré fijamente.

—La familia no la estoy destruyendo yo.

Elena bajó los ojos.

Dos días después ocurrió algo todavía más extraño.

Recibí un mensaje de Camila.

“Tu marido está conmigo. Dijo que hace mucho dejó de amarte.”

No respondí.

Horas después volvió a escribir.

Finalmente me pidió verme.

Llegó al departamento usando un vestido amplio y una sonrisa que parecía ensayada.

Se sentó frente a mí y acarició su abdomen.

—Estoy embarazada. El bebé es de Alejandro.

Esperó que gritara.

Yo solamente tomé un sorbo de agua.

—¿Y Alejandro lo sabe?

La sonrisa de Camila vaciló.

—Me prometió que cuando terminara sus asuntos contigo se casaría conmigo.

—¿Ya te dio un anillo?

—Todavía no.

—Entonces guarda bien esa promesa.

Se levantó ofendida.

—Cuando ustedes se divorcien, yo ocuparé mi lugar.

—Camila, hoy te engañó conmigo. Mañana puede engañarte a ti con otra.

Se marchó dando un portazo.

Esa noche Rafael volvió a llamar.

Su expresión era distinta.

—Encontramos el resto.

Mediante varias empresas intermediarias, Alejandro había desviado casi cincuenta millones de pesos durante los últimos meses. Parte terminó en cuentas relacionadas con Camila.

Tenían comprobantes bancarios, contratos, registros de propiedad y movimientos contables.

—Con esto podemos exigir la restitución de los recursos y discutir la división patrimonial con una posición muy fuerte —dijo Rafael—. Pero Alejandro ya sabe que estamos investigando. Quiere verte mañana.

—¿Dónde?

—En la casa de Bosques. Dice que será la última vez.

Miré la carpeta digital llena de números, firmas y fechas.

Alejandro pensaba que iba a encontrarse con la mujer que había soportado cinco años de silencios para salvar un matrimonio.

No sabía que Camila acababa de contarme que estaba embarazada.

Y mucho menos sabía exactamente qué documentos llevaría conmigo cuando volviera a cruzar aquella puerta.

Al día siguiente, uno de los tres descubriría una verdad que cambiaría todo para siempre.

PARTE 3

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