agencia de diseño. Mi directora creativa, Rebecca Montiel, me asignó de inmediato una importante campaña. Durante semanas, trabajé muchísimo para recuperar la confianza profesional que había perdido intentando complacer a Brandon.
Tres meses después, la agencia me ofreció un contrato indefinido y un aumento de sueldo considerable.
Con parte del dinero que había ahorrado del regalo de bodas, me compré un ordenador nuevo y rápido para el trabajo y ayudé a mis padres a reparar la gotera del tejado de su casa. Guardé el resto del dinero en el banco como fondo de emergencia para el futuro.
Mi historia siguió teniendo repercusión positiva en internet. Un centro local de apoyo a mujeres me invitó a participar como ponente en un evento sobre las primeras señales de control en las relaciones. Al principio dudé, pues no me consideraba una experta, pero finalmente acepté la invitación.
Ante un pequeño y atento público,
