El motociclista desconocido que visitaba la tumba de mi esposa cada semana

Durante seis meses lo observé desde el interior de mi automóvil, incapaz de acercarme, incapaz de irme. Siempre el mismo día. Siempre a la misma hora. Cada sábado, a las dos de la tarde en punto, aquel hombre entraba al cementerio montado en su Harley, estacionaba junto al viejo roble y caminaba directamente hasta la lápida de Emily.

Una rutina que no lograba entender
Se sentaba a un costado de la tumba durante una hora completa. No traía flores. No dejaba notas. Nunca hablaba lo suficientemente alto como para que yo pudiera escuchar sus palabras. Simplemente se acomodaba con las piernas cruzadas sobre el pasto, la cabeza inclinada, como si cargara un dolor demasiado pesado para permanecer de pie.

Funeraly duelo

La primera vez que lo vi, pensé que se había equivocado de tumba. Era un cementerio grande, y las lápidas podían confundirse con facilidad. Pero volvió el sábado siguiente. Y el otro. Y el siguiente después de ese.

Semana tras semana, aquel desconocido lloraba a mi esposa como si también le hubiera pertenecido a él.
De la confusión a la sospecha

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