Parte 2
La música continuó sonando.
Eso fue lo más extraño.
A pocos metros de nosotros, una pareja giraba sobre la pista mientras una orquesta tocaba una versión lenta de una canción antigua. Los camareros seguían llenando copas. Las conversaciones continuaban.
Y yo acababa de descubrir que mi vida había sido construida sobre una trampa.
—Explícate —dije.
Dominic miró hacia Roland.
—No aquí.
—Llevo seis meses obedeciendo esa frase.
—Claire…
—No. Esta vez vas a hablar.
Mi tono hizo que dos hombres de seguridad de Dominic nos miraran.
Él levantó ligeramente una mano.
Se detuvieron.
Luego me indicó una terraza lateral.
Salimos.
El aire de Manhattan estaba frío.
Abajo, los taxis parecían pequeñas luces amarillas atravesando las avenidas.
Dominic permaneció en silencio.
Yo crucé los brazos.
—Marcus.
Él asintió.
—Hace aproximadamente un año comenzó a mover dinero para Roland.
—Mi dinero.
—Al principio, no.
Dominic explicó que Marcus había sido utilizado como intermediario en operaciones financieras relacionadas con contratos de construcción.
Cuando intentó retirarse, Roland descubrió que tenía una debilidad.
Yo.
Marcus sabía que, si mi empresa colapsaba, yo aceptaría casi cualquier salida.
—¿Y tú eras esa salida?
—Sí.
—¿Por qué?
Dominic bajó la voz.
—Porque Roland necesitaba a alguien dentro de mi casa.
Sentí un frío distinto.
—¿Crees que yo trabajo para él?
—No.
—Pero al principio lo creías.
Silencio.