Parte 2
La puerta de la elegante tienda de novias se abrió de par en par, revelando la figura alta y elegante de Mateo. Traía en la mano un hermoso ramo de orquídeas blancas, pero en sus ojos no había el calor amoroso de un hombre a punto de casarse, sino una fría determinación que hizo que Valeria diera un paso atrás instintivamente.
—¿Qué haces aquí, Mateo? Se supone que no debías verme antes de la boda —dijo Valeria, intentando disimular el temblor de sus manos mientras ocultaba la nota recuperada detrás de las capas de encaje de su vestido.
Mateo cerró la puerta con llave y echó el cerrojo con un suave chasquido que sonó como un disparo en la pequeña habitación. Miró el espejo donde ella se observaba hacía solo unos minutos y dejó las flores sobre la mesa de cristal.
—Sabía que vendrías a esta boutique específica, Valeria. Tu madre me dejó bien claro en su testamento que este era el único lugar donde guardarías su secreto más preciado —respondió Mateo con una voz pausada, completamente despojada del afecto que le había demostrado durante los últimos dos años de noviazgo.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué secreto? —preguntó ella, sintiendo cómo se le oprimía el pecho.
—El documento que demuestra que la propiedad de la empresa nunca perteneció a mi familia, sino a la tuya —reveló Mateo sin rodeos—. Durante dos años me he esforzado por ganarme tu confianza, por hacerte creer que éramos el uno para el otro. Todo para llegar a este día y asegurarme de que los documentos firmados en nuestro matrimonio me transfirieran el control total sin que sospecharas nada.