Si alguna vez encontraste un extraño objeto metálico con mango en el desván de tus abuelos o en un mercado de antigüedades, es muy probable que no hayas sabido identificarlo. Este utensilio, hoy prácticamente desconocido para las nuevas generaciones, fue un accesorio esencial en los rituales de belleza de hace más de un siglo. Se trata del rizador de cabello a gas, una innovación del siglo XIX que revolucionó la peluquería mucho antes de que llegaran las planchas y tenacillas eléctricas que utilizamos en la actualidad.
Cuando el gas formaba parte de los rituales de belleza
A finales del siglo XIX, la electricidad todavía no era un recurso disponible en todos los hogares. Por ese motivo, los avances tecnológicos y domésticos de la época se apoyaban principalmente en el gas o en mecanismos manuales. En ese contexto surgió el rizador de cabello a gas, un aparato diseñado para ofrecer a las mujeres rizos definidos, elegantes y duraderos, muy acordes con la moda de la época victoriana.
El dispositivo estaba compuesto por una base metálica que se calentaba mediante gas, dentro de la cual se introducía el hierro hasta alcanzar la temperatura adecuada. Una vez caliente, la herramienta permitía enrollar los mechones de cabello con delicadeza, formando ondulaciones sofisticadas que eran símbolo de distinción en los salones sociales de la época.
¿Cómo funcionaba este ingenioso aparato?