A las 9:20, Rodrigo entró al Museo Soumaya con Ximena colgada de su brazo.
Los fotógrafos dispararon decenas de flashes. Él no corrigió a quienes llamaron a Ximena “la señora Montemayor”. Al contrario, la acercó por la cintura y posó como si ya hubiera borrado a Mariana de su vida.
Ofelia caminó detrás con un vestido de lentejuelas. Paulina transmitía todo en vivo.
—Por fin mi hermano está donde merece —dijo a la cámara.
Un coordinador los condujo hasta la mesa 1, justo frente al escenario.
Rodrigo intentó ocultar su emoción. Aquella mesa estaba reservada para el benefactor de la gala y los directivos de Corporativo Cárdenas. Que lo hubieran sentado ahí solo podía significar una cosa: la misteriosa heredera había decidido convertirlo en su socio principal.
Montemayor Capital había estado a punto de desaparecer 3 veces.
Cada rescate había llegado mediante fondos distintos, todos vinculados en secreto a Mariana.
Ella había pagado la operación cardiaca de su suegro, cubierto 14 meses de nómina, liquidado una deuda de Ofelia y financiado la boutique fallida de Paulina. Nunca pidió aplausos. Solo quería saber si esa familia podía respetarla sin conocer su fortuna.
La respuesta había sido dejarla fregando platos.
Bajo la mesa, Ximena acarició la pierna de Rodrigo.
—Cuando anuncien la inversión, hacemos oficial lo nuestro —susurró.
—Mañana le llevo los papeles de divorcio —respondió él.
Ofelia escuchó y tomó champaña.
—Mariana firmará. Le das 1 departamento pequeño y se va feliz. Esa mujer no tiene a dónde regresar.
Arturo, el padre de Rodrigo, bajó la mirada.
—No deberían tratarla así.
—Tú no te metas —cortó Ofelia—. Bastante hicimos por ella.
Ninguno notó que los micrófonos de la transmisión estaban abiertos. En la cabina técnica, Tomás Cárdenas, director jurídico del corporativo y primo de Mariana, guardó la grabación.
A las 9:45, las luces se apagaron.
Advertisement
La conductora anunció un fondo de 900 millones de dólares para clínicas rurales, vivienda social y proyectos de agua limpia. Después pidió silencio.
—Durante años, la persona detrás de este fondo se mantuvo lejos de las cámaras para conocer a quienes se acercaban sin intereses. Esta noche ha decidido presentarse.
Rodrigo se acomodó el saco.
En la pantalla apareció el emblema dorado de Corporativo Cárdenas.
—Recibamos a su presidenta, heredera y accionista mayoritaria: Mariana Cárdenas de Montemayor.
Las puertas del nivel superior se abrieron.
Mariana apareció al inicio de la escalinata.
El vestido verde caía sobre ella como una ola oscura. El collar de esmeraldas reflejaba las luces del salón y 3 escoltas permanecían detrás.
El silencio fue absoluto.
Rodrigo se levantó de golpe y tiró una copa. Ximena soltó su brazo. Ofelia quedó con la boca abierta y Paulina bajó el teléfono, aunque miles de personas seguían conectadas.
—No puede ser —murmuró Rodrigo.
Mariana descendió sin mirarlo. Cuando llegó al último escalón, el salón entero se puso de pie.