PARTE 1
—Mi mamá va a vivir con nosotros y tú tendrás que cuidarla. No puedo pagar una enfermera y, al fin y al cabo, eres mi esposa.
Mariana se quedó mirando a Rodrigo con el teléfono todavía pegado al oído.
Aquella mañana él la había llamado desde un hospital de Querétaro. Su madre, doña Teresa, había sufrido un derrame cerebral. Según Rodrigo, el lado derecho de su cuerpo había quedado paralizado, apenas podía hablar y necesitaría atención las veinticuatro horas.
—¿Por cuánto tiempo? —preguntó Mariana.
—Hasta que se recupere. Unas semanas, quizá meses.
Mariana miró el segundo dormitorio de su departamento en Juriquilla. Durante casi un año había imaginado ese espacio con una cuna, un armario blanco y juguetes. Ella y Rodrigo llevaban tiempo intentando tener un hijo.
Esa misma tarde, una camioneta se detuvo frente al edificio.
Rodrigo bajó primero. Después apareció una silla de ruedas.
Doña Teresa
